jueves, 30 de julio de 2015

El amor y sus efectos

Muchos peligros acechan la vida humana. De todos ellos, el amor es uno de los más temidos.
Algunas personas experimentan el amor muy temprano en sus vidas, y otros lo conocen más tarde. En algunos casos, las personas tratan de evitar la contingencia del amor de todas las formas posibles para no sufrir sus efectos.
¿Cuáles son estos efectos?
1-      Cuando uno se enamora, el modo de apreciar la realidad cambia. El mundo se ve con otros ojos, tal como canta Pablo Alborán “haces que mi cielo vuelva a tener ese azul, pintas de colores mi mañana solo tú”.
2-      Este “solo tú” es el segundo efecto del amor. Es la demanda de exclusividad: Only you, tal como dijeron Los Plateros. El enamorado cree que su amado es la única persona con la que quisiera y podría estar en ese momento.
Aquí se sitúa esa selección inconsciente (por lo tanto, involuntaria) en donde el objeto elegido resulta ser imprescindible.
3-      El tercer efecto es el desvalimiento. El enamorado se siente en peligro permanente de ser dejado, sustituido o abandonado por ese objeto que tanto ama. Por el solo hecho de amar, la persona queda expuesta ante el otro, y tiene la sensación de que este otro tan esencial, puede hacerlo feliz o inmensamente triste.
Claro que este desvalimiento solo es vivido si el amante acepta lo que le pasa, haciéndose cargo de sus sentimientos, cosa que no siempre ocurre.
Cuando se aceptan los sentimientos que uno posee, las inseguridades son inevitables. Por eso en muchos casos, se resigna un gran amor para no sentir esta incertidumbre, y se prefiere elegir otro amor menos deseado pero más seguro y confiable en este aspecto.
4-      La proyección es el cuarto efecto del amor. Todas las carencias que tiene el enamorado son depositadas en ese otro que ama. Será él o ella, quién dará una solución a esas carencias y necesidades.
El objeto amado es localizado en un lugar especial, por lo cual cada vez que ese lugar sea desalojado, le seguirá el dolor y la sensación de vacío existencial. Muchas personas llenan ese vacío interponiendo un objeto atrás de otro para no sentir el dolor de la pérdida. Pero hay que resaltar que es un mérito el hecho de disponer de un lugar así, ya que no todos pueden darle ese lugar fundamental a alguien.
Una consecuencia de esta proyección, es la íntima sensación de correspondencia y complementariedad con el amado. Tal como dice Sergio Denis “yo soy la aventura y tú la realidad”, así surge la idea del complemento, la creencia de que hay un equilibrio entre el ser del amante y el ser del amado.
Esta simetría se sostiene de la diferencia, a veces extrema que permite andar juntos sin competir el uno con el otro. Sin embargo, algunas personas prefieren la igualdad en sus objetos de amor, que el otro sea un calco de uno, o bien una especie de fan de lo que somos, de modo que con su admiración asegure la satisfacción narcisista que tanto cuesta conseguir por otros medios.
Por todos estos efectos (y algunos que no se mencionan aquí) es peligroso enamorarse. Como mínimo hay que decir que es algo arriesgado, ya que la cosa puede salir bien o mal en lo que atañe a la correspondencia amorosa.
Existe toda una serie de matices respecto a la correspondencia, y ni la mayor reciprocidad amorosa puede garantizar que suceda lo mejor del amor: el acto. En relación al acto de amor, John Lennon canta “Amor es saber lo que podemos ser”.
El acto de elegir estar juntos no depende solo de que el amor sea correspondido sino también de la capacidad que tenga cada uno de tolerar los riesgos que sus sentimientos implican como así también respetar a ese otro que tanto se ama.
Porque en el caso más feliz, donde si hay amor recíproco, ¿qué se hace con esa correspondencia?. Cada quién encontrará una respuesta que puede ser constructiva, destructiva o neutral respecto a los hechos futuros.
De este modo, todo acto amoroso involucra una apuesta. Sea cual sea el resultado obtenido, estar dispuesto a arriesgarse en el amor vale la pena.