miércoles, 1 de junio de 2016

Saber soltar


Si hay algo que resulta fácil en la vida es aferrarse a las personas, objetos o ideales.
Las dificultades surgen cuando llega el momento de soltar aquello que ya no podemos conservar.

Proveniente del verbo solvere, la etimología de la palabra soltar remite a la libertad y la absolución.
A la hora de soltar algo significativo, suele presentarse el conflicto entre el amor hacia otro y el amor propio, ya que si elijo el amor a lo perdido, el amor propio disminuye. Si decido preservar la propia integridad, una parte del amor hacia el otro se pierde.
Hay distintas situaciones en donde se hace necesario soltar:

·   Cuando una persona amada se ha ido
·   Cuando estamos con alguien que nos hace daño
·   Cuando ciertos ideales producen conductas  autodestructivas
·   Cuando un vínculo genera inestabilidad afectiva
·   Cuando una etapa de la vida ha finalizado
·   Cuando es momento de tomar una decisión importante
·   Cuando ocupamos un nuevo lugar en la familia 
    o la sociedad

En estos casos, deben soltarse diferentes cosas, pero el mecanismo que opera es el mismo. Cuanto más hemos amado, más doloroso será el acto de soltar ya que con el objeto que soltamos, una parte de la propia existencia se pierde. Pero mucho peor es el tormento si es tiempo de soltar y este acto se hace imposible, ya que en vez de perder solo una parte de nosotros mismos, se corre el riesgo de perdernos por completo.
Cuando es muy difícil soltar, queremos retener algo que ya se ha ido, y esta retención siempre tiene consecuencias que generan sufrimiento en el cuerpo, las relaciones, los pensamientos, los sentimientos. Pero el problema mayor de no aceptar las pérdidas es que, de este modo, no ganamos nada. Poniendo como ejemplo las etapas de la vida, para ser un adulto y gozar de la independencia que esta etapa conlleva, es imprescindible soltar la adolescencia. Es una especie de ley subjetiva: no hay ganancias sin pérdidas.
Tal como dijo J. Lacan, los seres humanos tienen el poder de retener o inventar. Cuando el momento de soltar se acerque, será cuestión de apostar a la invención, y a las posibilidades de ganancia que aparecen cuando dejamos de retener lo perdido.

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