miércoles, 27 de julio de 2016

Alta Fidelidad

Hubo momentos importantes en mi vida en donde no recuerdo haber estado ahí. Fueron momentos lindos, pero las preocupaciones me llevaban hacia otro lugar desde donde me contemplaba a mi misma como alguien que hacía bien las cosas.
Pero si recuerdo estar ahí cuando estuve con Daniel.
Salvo esa noche, el resto de las veces yo estaba ahí como nunca había estado. Incluso recuerdo el esfuerzo que hacía por contenerme, para que con cada palabra no se me fuera el alma.
Normalmente estaba llena de ideales, deberes, prejuicios y moral: el bien y el mal, lo que se debe y lo que no se debe. Con Daniel, nada funcionaba, literalmente no me importaba nada más que estar con él.
Era como una cuestión de vida o muerte, un beso era un mundo, “con vos todo o nada” le había dicho, y era así, porque no podía ser de otra manera. Claro que eso no es para cualquiera.
Pero a él le gustaba tenerme colgando de un hilo transparente que podía cortarse en cualquier momento. A él le gustaba saber que yo estaba, aunque prefería pensar que yo era una chica inalcanzable.
Me tuvo varias veces, pero igual se empecinaba en no tenerme. Hasta puedo decir que yo fui una fantasía necesaria para que él pudiera tener a otras mujeres.
Pero esto es demasiado complicado, tanto que ni siete psicólogos pudieron sacarlo de mi cabeza, y menos de mi corazón. Desde el principio fue una batalla perdida, era como querer separar a la música del oído...
Yo conocí la música gracias a mi padre. Él tenía un equipo de audio con grandes parlantes de madera que en la parte superior llevaban escrito “Alta Fidelidad”, es lo que también se denomina Hi-Fi. Siendo niña, no tenía la menor idea de lo que eso significaba, no lo supe hasta que conocí a Daniel.
Yo tuve una vida, tuve experiencias llenas de colores, tuve amores que supe disfrutar; pero él no se compara, lo que yo siento por él tampoco. Digamos que pasa por una cuestión calidad. Es Alta Fidelidad porque no hay mejor sonido que ese, no hay mejor sensación, porque se mezclan ilusión con realidad en las dosis justas.
Pase lo que pase, esté con quien esté, haga lo que haga esa es mi condena: serle fiel.
Ya lo sé, es una fidelidad tonta porque no es recíproca, pero mi amor por él es peor, porque es amor a un vacío, a una falta de respuesta; es amor a un cuerpo que no me busca más que en sueños.
Por experiencia pude comprobar que hay cosas que la razón no resuelve, aunque intente borrarlo de mí, siempre le seré fiel.
Le seré fiel como el pincel al óleo o como el libro a la escritura. Es una fidelidad como la que el mar le tiene a las olas, como la fidelidad que las raíces le tienen a la tierra...
Pero no quiero seguir haciendo comparaciones, porque este amor no se compara con nada, ni el sonido más envolvente podría traducir un amor así, de alta calidad.

Te puede interesar:

Hasta el infinito

Latitud del recuerdo

¿por qué no nos olvidamos?